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sábado, 29 de octubre de 2011

Un año sin Marcelino




Hace un año fallecía el histórico dirigente sindical Marcelino Camacho. El fundador de CCOO y militante del PCE falleció tal día como hoy de 2010 tras varias semanas en estado crítico y dejaba huérfano al sindicalismo de clase español.
Marcelino Camacho Abad (Osma-La Rasa, Soria,21 de enero de 1918 – Madrid, septiembre de 2010) fue fundador y primer secretario general de Comisiones Obreras (CC.OO.) entre 1976 y 1987 y diputado comunista por Madrid entre 1977 y 1981.
En 1935 ingresó en el Partido Comunista de España (PCE), compromiso que le llevó a luchar en el bando republicano durante la Guerra Civil de 1936-39. Tras la derrota de éste, fue juzgado y condenado en represalia por los franquistas, y después asignado a un batallón de trabajos forzados en Tánger. Se fugó del campo y pidió asilo político en la Argelia francesa.
En 1957 fue indultado y regresó a España, trabajó como obrero metalúrgico en la empresa Perkins Hispania; allí fue elegido miembro del Comité de Empresa. Desde principios de los años sesenta impulsó la formación de las ilegales Comisiones Obreras que, bajo inspiración fundamentalmente comunista, defendían los derechos de los trabajadores al margen del sindicato único del régimen de Franco.
Fue detenido por ello en 1967; encarcelado durante nueve años por la dictadura, el proceso judicial contra él y sus compañeros sindicalistas («Proceso 1.001») se convirtió en un símbolo mundial de la lucha por las libertades; recuperó la libertad por el indulto concedido a la muerte de Franco.
Más tarde sería elegido Secretario General de CCOO cuando el movimiento sindical se unificase en una confederación sindical.
Durante su periodo al frente de Comisiones Obreras consolidó su organización como fuerza sindical mayoritaria. En 1987 dimitió de su puesto por razones de edad.
Militó hasta su muerte en el PCE, y era miembro de su Comité Federal.

viernes, 29 de octubre de 2010

NI LO DOMARON, NI LO DOBLARON, NI DOMESTICARON







Marcelino Camacho también se apellidaba Marcelino Libertad, Marcelino Coherencia, Marcelino Justicia, Marcelino Inteligencia, Marcelino Me Niego a Plegarme a las Exigencias del Capital que Ha Corrompido a Tantos y Tan Cercanos.
Marcelino Camacho fue acción, fue riesgo, fue compromiso. Su papel como luchador trascendió el sindicalismo para generar un mensaje realmente holístico y transformador.
Su opción fue por la honestidad, por el descubrimiento de la belleza en los frágiles. No se enfangó en veleidades neoliberales, que tanto daño han hecho al movimiento obrero. Por el contrario, reclamó un territorio de diáfana claridad donde asumía la necesidad de la lucha de clases, de un cambio en las formas de producir, consumir y distribuir.
Sus principios nunca se declararon en huelga. No hizo distingos entre su vida privada y su vida pública. Quizá esto y otras muchas cosas no fueron perdonadas por quienes tienen principios de quita y pon, por quienes le intentaron arrumbar bajo pretextos, que no razones, tan inconsistentes como estúpidos: “su sindicalismo era de otro tiempo”. Si su sindicalismo era de otro tiempo, ¿de qué tiempo son los famélicos del mundo? ¿A qué tiempo pertenecen los explotadores que machacan el sur de todos los sentimientos buenos? ¿A qué época pertenecen los desempleados que se tienen que mirar los bolsillos mientras se sienten trastos inútiles? El legado de Marcelino Camacho, sus principios y valores, son ahora más actuales que nunca. Flores rojas, hoy todas las flores rojas para un luchador, un humanista perenne en este otoño azul que los esbirros de la indecencia quieren alargar.
Descansa en paz. Nuestra acción será tu memoria.

miércoles, 29 de abril de 2009

Siempre ROSA


"Es vergonzoso que un cargo público elegido en las listas de un partido abandone su responsabilidad en medio de una legislatura para integrarse en un gobierno de otro partido, contra el que votaron sus electores al votar por ella."
En el siglo XX, la palabra preferida por los políticos españoles para definir su propia tarea fue el verbo "servir", a veces a palo seco, como lo consumían los falangistas, y otras, siempre a la izquierda, combinado en expresiones como "estar al servicio de". Eran otros tiempos, en los que la política era el noble arte de conducir a los pueblos hacia su futuro, la ideología, otro nombre propio, y la lealtad, un compromiso íntimo, más poderoso que los carnés y las cuotas mensuales. El tiempo no ha restado importancia a la relación del verbo "servir" con la trayectoria de los políticos españoles, pero ha cambiado su manera de conjugarlo. Quienes antes la servían, ahora se sirven de ella. Hasta para hacerse trajes.
No hablo solamente de Rosa Aguilar. Muchos de sus ex correligionarios, que ahora se llevan las manos a la cabeza y se muerden la lengua para no pronunciar la palabra "traición", de tan siniestros ecos, han sido capaces de hundir la organización a la que pertenecían sólo por no tener que volver a fichar en una oficina de nueve a cinco. Consciente de que es muy improbable que la izquierda vuelva a ganar unas municipales en Córdoba, Rosa Aguilar ha buscado una salida personal distinta, en apariencia más brillante, pero también más deshonrosa, si llamamos a las cosas por su nombre. Porque es vergonzoso que un cargo público elegido en las listas de un partido abandone su responsabilidad en medio de una legislatura para integrarse en un gobierno de otro partido, contra el que votaron sus electores al votar por ella. O, mejor dicho, en otras épocas habría sido vergonzoso. Ahora, hasta habrá quien lo califique como sentido del Estado.
Rosa Aguilar ha demostrado que es una mujer de su tiempo. No me ha sorprendido. Cada país, en cada momento, tiene los políticos que se merece. Últimamente, parece que en España se llaman Rosa.
Almudena Grandes
(El País. 27/04/2009)